Agregando funcionalidad… o «¿Y qué hago ahora?»

Jueves 23 de Noviembre de 2006

Después de pasar 48 horas probando los programas que trae el sistema, uno empieza a notar que algunos programas pueden llegar a faltar, o que no le gusta lo que hay instalado.

Una de las principales diferencias de Ubuntu (o cualquier Linux basado en Debian) con Windows es la forma en que se instalan los paquetes: No es necesario, en la mayoría de los casos, buscar por toda la Internet algún programa que se parezca a lo que necesitamos; simplemente basta con utilizar apt-get, aptitude, o incluso más fácil si corremos una interfaz gráfica, synaptic o kynaptic.

En el menú Aplicaciones, el último de los ítems es «Añadir y quitar…», que llama a synaptic, y nos pide nuestra contraseña. Después de unos momentos, estaremos viendo una lista de paquetes, y sólo resta marcar los que queremos instalar o desinstalar.

Lo mejor de éste sistema es que se encarga automáticamente de solucionar cualquier problema de dependencias. Por ejemplo, Gnome y todas las aplicaciones basadas en él utilizan la librería GTK; si fuéramos a instalar Gnome, el sistema se encargaría automáticamente de bajar e instalar ésta librería. Esto puede llegar a causar algunos dolores de cabeza, porque si queremos desinstalar algún paquete que otro necesite, el sistema nos dará un error y no nos dejará hacerlo. Esto es particularmente molesto al querer sacar algún componente de OpenOffice que no planeemos usar, como Math. En la mayoría de los casos no es un problema, el espacio que ocupan es mínimo, pero si realmente queremos sacarlo, la opción es abrir una Terminal, y escribir «sudo aptitude».

Otra diferencia notable es que, a diferencia de la mayoría de los sistemas de Windows (aunque en realidad esto es más un problema de usuario que una falla de diseño), el usuario normal está restringido a cambiar cosas personales, y no puede ni siquiera ver los datos de los otros. Existe un usuario equivalente al Administrador, que en Linux se denomina root. Este usuario puede ver y cambiar lo que quiera, y es peligroso usarlo excepto cuando sea necesario. El comando «sudo» permite ejecutar un comando como root, para cuando se quiere ejecutar algo como aptitude.

Siempre que se tenga cuidado con lo que se hace como root, el sistema es dificil de dañar, gracias a que los usuarios no pueden cambiar cosas ajenas. Los virus son casi inexistentes, y casi siempre requieren permiso de root, así que es casi innecesario preocuparse por ellos.

Si en algún momento necesitáramos correr varios comandos con permiso de administrador, se vuelve tedioso escribir sudo todas las veces. Como el usuario root no tiene contraseña, no es posible iniciar sesión como tal, pero con el comando «sudo su» podemos cambiar de usuario, para poder ejecutar comandos como tal. Hay que recordar, al final, escribir exit, para volver a ser un usuario normal.

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