De todas las modas nuevas de la Web 2.0 (esto incluye AJAX, esquinas redondeadas, colores pastel, y un exceso de sitios sociales), la que más odio, por lejos, es la de los «podcasts».
Para los que no los conozcan, un podcast es por lo general un archivo de audio que se puede descargar automáticamente de internet para escucharlo más tarde; algo así como un programa de radio que se puede escuchar en cualquier momento.
El detalle de los podcasts es que, así como bien podrían ser una herramienta útil en algunos casos, el 95% de los podcasts existen sólo porque tenían un micrófono y se ahorraban el escribir. Entonces se vuelven un simple archivo de audio, donde si fueran de texto podrían incluir imágenes, links… cosas que toda la vida se hizo en Internet.
Más allá de eso, un podcast es, finalmente, una forma molesta (voces de gente que piensan que tienen buena voz cuando… no), lenta (yo leo más rápido de lo que hablo… y la mayoría de la gente también), incomprensible (el ruido de fondo es más fuerte que la voz) y discriminatoria. Es discriminatoria en dos casos: Primero, el obvio, los sordos; puede que las personas ciegas sean raras en internet, pero los sordos (o simplemente los que queremos escuchar música mientras leemos la red) tienen mucho más fácil acceso a internet, excepto por los podcasts. Segundo, la gente que no habla el idioma del podcast; sitios como babelfish permiten traducir textos… pero no audio.
Y por último, la más personal pero no por eso menos válida… el nombre imbécil que tiene… «pod»cast… de iPod… muy buen producto, y lo que sea, pero… bah, me callo.
No a los «Podcasts»
Miércoles 1 de Noviembre de 2006Por favor, dejá un comentario, o un trackback desde tu sitio. Podés seguir la conversación con el Feed de comentarios de este post.